Segunda Parte - Dioses y Moral
La segunda parte del Codex Mortis es considerada la más interesante de las tres, así como la más polémica y rechazada en el mundo. Es un recopilatorio de ética y moral que busca tachar abiertamente los paradigmas actuales del mundo como "carentes de lógica", buscando una visión distinta de temas tan sensibles como la moral de Dioses y religiones, la de las maldiciones y el camino que ha tomado el propio mundo hasta el momento.
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I: Dioses
La segunda parte del libro empieza explicando "qué es un Dios", tratándolos más como a un fenómeno mágico o una entidad no consciente que como a una criatura viva. Así mismo, explica que es total y absolutamente estúpido asociar una moral a los Dioses por ser criaturas previas al uso de la ética, y que su voluntad está basada en posibilidades trascendentales más allá de en el uso de la razón o la empatía. Como tal, también explica que los Dioses están más allá del bien y del mal, y que considerar "buenos" a los Arquitectos y "malos" a los Dioses del Vacío es un criterio pobre, borrando la distinción moral entre ambos.
Cuenta también que los Dioses del Vacío tienen como interés recuperar su hogar, y que los Arquitectos buscan proteger su propia creación; ambos usan métodos altamente destructivos que conllevan desastres e incluso guerras entre mortales. También explica que los únicos dioses que pueden ser considerados verdaderamente malvados según la moral humana son aquellos que buscan sencillamente pervertir la creación o conquistarla para sí, como es el caso del Rey Escarlata o Yaldabaoth. Como ejemplo, cuenta que Davoth, siendo la máxima representación de "maldad" conocida ni siquiera parece querer destruir el universo para devolverlo al Vacío, sino pervertir la creación de una forma similar a Yaldabaoth o el Rey Escarlata al hacer que el infierno lo consuma todo. "Cada quien quiere reformar el universo a su imagen y semejanza".
II: Maldiciones
En este capítulo, se intenta reformular lo que es una maldición y separar su origen de su moralidad o uso real. Explica que intentar diferenciar las Maldiciones de cualquier otra escuela mágica por su origen es en sí mismo inútil, pues si bien hay un buen número de maldiciones creadas por Señores del Vacío o bajo la influencia de los mismos, también las hay creadas por Dioses Arquitectos o que han sido creadas por la mano del hombre sin influencia extraplanar. Tampoco sería lógico considerar que las maldiciones son exclusivamente "aquellas magias que interactúan de manera negativa o dañina con las almas" pues las hay que no afectan de ninguna forma a las almas, como algunos tipos de Nigromancia, Magia de Sangre o incluso Penitencias, haciendo alusión a que estas últimas son más bien una maldición para su propio portador, e incluso hay Maldiciones que actúan de manera beneficiosa o para curar y proteger las almas y la vida. Por último, explica que también es inútil darles como característica propia a las maldiciones que "se alimentan de la desgracia ajena" pues, de nuevo, hay maldiciones pensadas para proteger o sanar en pos de evitar esa "desgracia" de una forma similar a cualquier otro tipo de magia.
Además de tachar el origen de las maldiciones como "inconcluso" menciona que su uso real depende de la moral de su usuario; "Cualquier maldición, por terrible que sea, puede ser usada para hacer lo que uno considere "el bien" o "lo correcto" tanto como se pueden usar para "el mal", como cualquier magia natural o bendición puede ser usada para dañar a otros al destruir sus cuerpos o alimentar la violencia". Indica que la categoría de "Maldiciones" debería ser considerada solo una división del Sistema, y no darle un valor moral trascendental. En todo caso, propone que debería considerarse una magia capaz de romper la jerarquía impuesta por el Sistema al poder aplicar la Muerte Destinada incluso en Inmortales, así como traer a otros de vuelta a la vida, o una magia cuyas ondas de Espiritrones u "ondas mágicas" sencillamente fluyen con una frecuencia distinta a la magia natural o Divina.
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III: Paraíso Mortal
En el tercer capítulo de la segunda parte del Codex Mortis se habla concretamente de cual debería ser el rumbo actual de la sociedad mortal: no el de buscar un Paraíso alejado de la influencia de los Dioses ni alcanzar la divinidad, sino buscar un "Paraíso Mortal" de paz universal y unión entre todas las especies cuya naturaleza no esté demostrada que sea maligna. Con esto se refiere a todas aquellas razas con control sobre sus acciones y sin un instinto sanguinario constante como es el caso de los Demonios o los Onis; volver la realidad mortal un lugar donde nadie sea discriminado sin sentido y no hayan muertes inútiles. Para ello, indica que hay que rechazar parte de los principios personales de cada uno, haciendo alusión a la búsqueda de venganza de los Elfos y Daevitas contra el imperio humano, y que estos mismos deben olvidar su rechazo a otras razas por considerarlas "impías".
Por último, en una forma de "alusión a la paz", menciona todas y cada una de las "guerras de odio" que se conocen en la historia del hombre, tachándolas de estúpidas y a las propias razas de egocéntricas y desubicadas. Menciona que el verdadero enemigo no son los mortales; son los Dioses (arquitectos y señores del vacío), los Demonios y el resto de criaturas extraplanares, justo antes de dar paso al siguiente capítulo.
IV: Verdadero Mal
En el último capítulo de la segunda parte del Codex Mortis, se establecen nuevas normas morales para decidir lo que está objetivamente mal. Incluye el asesinato y violencia sin sentido y cualquier tipo de mal injustificado, como el que incentivan los demonios. También considera malvados a los seguidores de Thasaidon y en general, a todo aquel que decida perder por completo su libertad al entregar su alma a cualquier criatura extraplanar o Dios, sin importar su destino o intenciones. Considera que vender el alma de uno mismo es un acto estúpido, indicando que "alguien capaz de traicionarse a sí mismo de tal manera no debe ser confiado por otros".
Este capítulo tiene un apartado dedicado directamente a Yhavé. Lo trata como una figura de "luz que ciega y vuelve estúpido al hombre", tratándolo como a un manipulador más que como a un Dios benevolente, mencionando que su creencia es una de las que más guerras ha generado. Aún así, admite su gran labor como administrador del Océano de Almas de Albion y la de los Ángeles en su guerra contra los demonios, e incluso menciona que Yhavé es, resumidamente, el mayor representante de la descripción de un Dios como se conoce. Una vez más destaca el hecho de que los Dioses no pueden juzgarse por la moral humana. "De ser adorado, debe serlo por el Dios que es; tratarlo como a un ente de bien absoluto o solo como a un manipulador de ansias de poder sería similar a adorar a otro Dios".
Por último, deja la cita: "Cualquier cosa hecha por un motivo trascendental en favor del futuro del mundo, cualquier acto hecho por amor, está más allá del bien y del mal".

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